El track del día

martes, 20 de agosto de 2013

A.M.O.R.

Hace un par de años o más (sí, más) me embarque en un viaje a Iquitos para acompañar un proyecto iniciado por payasos de Bola Roja y Gesundheit. Así que fuimos unos cien payasos o más(sí, más) a llevar alegría y color a una ciudad de la selva. ¿Payasos de Lima la gris llevando color a una ciudad colorida de la selva dijiste? Sí, eso dije. Ya sé que suena tonto, pero no sólo es color, es alegría, ánimo, música, talleres de arte y reciclaje, diversión sana y sudor, mucho sudor. Recuerdo haber regresado de aquel viaje con el nivel de amor al tope.
Años antes había tenido una discusión filosófica con una amiga venezolana en una pequeña ciudad de Japón que amo. En mi debate, defendía la definición de amor universal, aquella definición de amor que se pueda aplicar tanto para tu mamá como para tu pareja, como para tu hermano, amigo, vecino, hijo, perro, etc.  Pasó esta experiencia payasa, deje un post en mi muro con este mensaje Love= Full. Años después la misma discusión con una chica de la que me estaba enamorando y su mamá que fue la que hizo la pregunta. La pregunta de la madre fue esta vez más específica, ella quería que hable del amor de pareja, por qué se complica todo en ese tipo de amor de a dos. Y me empeñé en explicarle que cuando uno quiere a otro, lo que le importa es la felicidad de la otra persona y al estar feliz esta persona uno también está feliz. Tonterías que uno habla cuando tiene a la madre de la que uno se está enamorando, claramente. La chica ni bola me daba y su mamá ya se había dado cuenta que por su hija me latía el bobo, hasta trató de convencerla para que me haga caso, pero no, ella me quería, pero sólo como amigo. Yo estaba dispuesto aceptar esto, ella me lo había dicho todo muy bonito y yo me lo creí, no tenía sentido que comenzáramos algo que no íbamos a poder continuar. Me tenía que conformar con ese tipo de amor, pero aún así me seguía enamorando más hasta que ella comenzó a salir con un tipo al que no quería tanto como a mí(me dijo después) y chan se conocieron como en la Biblia y yo mandé a la mierda el amor y también a la amiga esta de la que me había enamorado. Love=Tu may.
Luego me quedo asustado de amar, no me quiero enamorar para que me anden choteando y después salir herido y aún así queriendo a quien me hace sufrir. Mejor de lejitos nomás, se aparecen algunas niñas muy guapas por allí y si amigos nos hacemos, pues de ahí no pasar, no te quiero conocer más porque después me enamoro y si tú no te enamoras de mí, te voy a mandar a la mierda y no voy a querer saber de ti nunca. Sí, estoy un poco loco o más que un poco(sí, más).
Una buena chica me ayuda a olvidar todo ese rollo doloroso y termina creo yo templándose un poco del tarado que está escribiendo esto y el tarado que está escribiendo esto no le corresponde. ¿Cómo le va a corresponder si además de tarado ya está cagado de los sentimientos, cómo chucha se recompone uno?No sé, a dejarle al tiempo que solucione el tema, pero se demora mucho. Se aparece más gente y uno en onda Zen ya ni se les quiere acercar por temor a salir herido. Se desconecta de todo lo que tenga ver con amor para procurar el sano y puro sentido de la amistad y un día, en un viaje loco, se da cuenta que está muy frágil del corazón, quizás porque el viaje lo amerita, quizás porque las experiencias le dejan el corazón desprotegido y zas, ahí está otra vez ese estúpido corazón sintiendo cosas que no debe. No seas huevón, lo quiere proteger su razón, pero qué caso le va a hacer este estúpido. A lo más puede contener la proximidad. Pero ahí está ella toda loca como a él le encantan, toda diversa y espontánea, toda risas e inteligencia, toda linda y toda cerca. No, no pasará nada, se repite ingenuamente. Nada pasará. recién hace poquito con alguien pasó algo y acabó la cosa mal, él se quedó con sentimiento de culpa y ella con sentimiento de haber sido usada. ¿Pero si estaba todo clarito? ¿Clarito pa' quién? No, ella se va y el la extraña y ella también lo extraña y están a miles de kilómetros de distancia, a varias naciones lejos, cambio de clima, misma zona horaria. Ella lo dice primero, él no se queda callado. ¿Qué pasó aquí? ¿No que ya no ibas? ¿Qué es amor, preguntas? Te lo pongo en letritas: A de Abuso M de mental O de Onírico y R de recurrente, no se me ocurre otra cosa. Que sangren los corazones que para eso se hicieron.

Adolescentes

¡Ay, las hormonas...! Se activan y comienza el alboroto. Mi clase de canto esta llena de adolescentes que se sientan en la parte de atrás del aula y no paran de reírse y hablar mientras los de más adelante tratamos de escuchar la clase. Los sábados soy voluntario de una casa hogar para niñas adolescentes y hay días en que la casa es un escándalo. Así, rodeado de adolescentes, es inevitable escribir sobre ellos.
Cuando yo era adolescente, el contexto era muy distinto al actual, pero las hormonas, la parte biológica del fenómeno adolescente, bueno, eso no cambia. Si bien es cierto que hay una especie de despertar sexual a causa de las hormonas, lo que debería ser muy divertido, las hormonas también producen una exageración en las reacciones, sufrimiento solitario, disgusto sin aparente motivo y rebeldía. Recuerdo una carta de mi papá que con cierta aflicción me escribía pidiéndome que me apacigüe pues estaba siendo muy agresivo con la familia, me expresaba con mucho rencor y que no sabía qué hacer para bajarme las revoluciones. Bueno, esa carta, si bien cumplió su propósito, me sacó unos mililitros de lágrimas y me hizo entrar un poco en razón, no le pudo ganar por completo la batalla a la adolescencia. Fue mi papá mismo quien me había mencionado años antes algo sobre los cambios físicos de la pubertad y que yo comentaba con los amigos de entonces, sorprendidos un poco al momento de irlos enfrentando. Y es la rebeldía el rasgo más trascendente que yo puedo rescatar de esa etapa del crecimiento. Hoy pensaba justo que poco a poco según se nos va bajando la carga hormonal, nos vamos amansando, asentando, cansando, se va perdiendo esa rebeldía. Y bueno, si bien es cierto que felizmente pasa, aunque a algunos nos dura más que a otros, siento que hay que conservar algo de esa rebeldía adolescente para no perder la perspectiva. Es necesario de vez en cuando mandar a la mierda a los jefes, a los padres, a la autoridad, a la pareja para sacarnos un poco la carga del sedentarismo, de la obediencia sostenida, salirnos un rato del rito, del sistema, romper un rato con eso y luego volver más calmados, sabiendo que nada nos ata, que si estamos de una manera u otra, todo esta así porque lo permitimos y está en nosotros mismos la oportunidad de cambiarlo. Es necesario de vez en cuando llorar por gusto, tal vez con el único propósito de aclarar la mirada. Es necesario pensar que nuestras protestas, pataletas y berrinches pueden salvarnos y después ya estaremos bien. Es necesario recordar que hemos sufrido y pasó, que seguiremos sufriendo y pasará. Seguiremos también ganando experiencia, teniendo incontables alegrías, sólo nos queda sonreír y aprovechar al máximo. Y si sigue el dolor saber que es sólo una etapa, todo se mueve.

Reempezando...

O quizás repensando. Ahora se me dio por escribir nuevamene y comienzo por el título. Lo que tengo en la cabeza es solamente la sensación de que quiero decir algo de lo que no soy capaz. Ah, pero si la net acepta todo... Dilo nomás. ¿Pero qué es exactamente lo que deseo comentar? Supongo que eso permanecerá en mi mente y con suerte aparecerá algún día en una nueva entrada.
Hoy reflexionaba un poco sobre eso a lo que le llaman vocación y lo complicadamente inexacta que puede ser. Digamos que la sociedad ya te tiene preparadas en paquete las opciones que tienes para dirigir tu futuro. De pronto me recuerdo niño, abrazado a mi perrito y con ganas de tener muchos más y tener la posibilidad de sanrlos si se lesionaban o enfermaban. Y quizás esa fue mi primera vocación, la de veterinario. Uno crece y comienza a pensar en otras cosas, la mayoría de ellas producto del descubrimiento de ese orden que otros han impuesto para que tú sigas. Me siento en un pupitre y me doy cuenta que me gustan las letras tanto como los números, pero detesto memorizar, excepto cuando es algún libreto para la clase de teatro. En el único examen de orientación vocacional que tomé, me sentí un poco estafado, eran tantas las opciones que me daban y tan variadas en su espectro que en aquel momento lo tomé como una broma. Ahora que he estado pensando un poco como sicólogo o como supongo que un sicólogo debe pensar, me doy cuenta que es absolutamente difícil que a través de una evaluación de conocimientos, habilidades y preferencias afectivas de una persona tan poco experimentada como un chico de 15-16 años, se le pueda conducir a un rumbo específico al que dedique su vida sin sentir un poco de culpa por estar tomando las decisiones de otro. Quizás sea por eso que me dieron tantas opciones, la persona que hizo la evaluación no soportó la carga de tener que decirme qué hacer y me puso un abanico inmenso de donde yo podía elegir a la vez muy limitadamente entre las profesiones de moda de mi generación sin conocer muy bine si quiera como se desarrollan estas ni cuál será la satisfacción o frustración que pueda sentir al ejercerlas.
Regreso a mi paso por el CEPU(la pre de mi universidad) y las listas de notas que publicaban en la calle con los rubros: Medicina, Estomatología y Ciencias. Quizás me hizo decidir postular a medicina mi deseo por ayudar a la gente, quizás el chantaje sentimental de mi padre cuando me llevó a ver un parto y me hizo sentir que de esa manera podía ver milagros con frecuencia, quizás un narcisismo insipiente que me hacía creer que mi inteligencia se desperdiciaría de estudiar algo menos exigente. Me puedo ver dudando a mitad de ciclo si cambiarme a esa otra facultad de la que nunca había escuchado antes(Estomatología) y dejarme influenciar por mis deseos de ingresar y acabar más rápido y volverme más práctico y desarrollar alguna habilidad en las manos que originalmetne no pensaba que tenía.
Me veo ingresando a esa nueva etapa de mi vida sin saber qué esperar, pero decidido a tomar el riesgo hasta el final. Recuerdo mis primeras clases y notar que me seguían gustando las matemáticas y que seguía siendo muy bueno aún en este nuevo nivel avanzado y a la vez fascinado por los talleres de redacción literaria y de arte que llevábamos en el año de estudios generales. Me acuerdo el sufrimiento del siguiente año cuando todos los cursos de "ciencias" me parecían más bien de "memoria" y tenía que recordar los nombres de las superficies de los huesos y donde se insertaban los músculos y los nombres horrendos de las bacterias y otros organismos que producían tal o cual enfermedad y buscar entre mis habilidades escondidas la de la memoria fotográfica para poder discernir el aspecto microscópico de un tejido y otro a diversas magnificaciones. Y haber dudado si escapar, pero no, seguía en la lucha y pasó otro año invicto.
Y así pareció hacerse todo más llevadero. El primer contacto con los pacientes ya me hizo ver de manera distinta la profesión de estomatólogo/odontólogo/dentista. Los primeros procedimientos aprendidos hacían que me entusiasme y cada día me sienta más encaminado hacia "algo".
Ese año de internado en los últimos días, cuando ya no podían hacer nada, debieron haberme desaprobado cuando tenían tiempo, ahora ya era muy tarde. Me gradué y casi de inmediato me titulé e ingresé a hacer mis primeras prácticas a la par que postulaba a una beca para quizás irme a Japón. Experimentar la vida profesional me hizo notar lo inquieto que estaba por descubrir más, por no quedarme sentado en una silla solamente. Pero seguía el camino. Y así así, llegué a Japón, llegué a un Diplomado en Ortodoncia, llegué al trabajo y siguen llegando cosas nuevas y siguen acabándose otras, el camino sigue, no se acaba todavía. Sigo aprendiendo, sigo entendiendo, sigo conectando los puntitos una vez que ya aparecen marcados, no sé cuál es mi destino, pero aquí sigo. Y que venga lo que venga.