Se acaba el año y a algunos nos entra una sensación de semidepre, que en otros es mucho más aguda. Tenía una amiga que se recluía en navidad en su cuarto de la casa para estudiantes en el que vivíamos. Es un poco diferente cuando son niños los participantes de las celebraciones de fin de año. Se siente más la navidad.
La navidad, sin embargo, ha cambiado mucho desde mis épocas de niño hasta ahora. Recuerdo que luego de la cena con mis papás y abuela, regresábamos a la calle a buscar a la pandilla que ya tenía los cohetes que había podido conseguir: sartas, rascapiés, ratablancas, calveras, arrancadores, volcanes y luceros, acompañados con una mecha de pabilo con la punta prendida y dispuesta a producir mucho ruido, luces y en resumen peligro. Si bien es cierto que es posible aún con tanta prohibición encontrar pirotecnia disponible, esta ha bajado bastante. Por otra parte, ahora existen esas endemoniadas mamarratas que tienen el poder explosivo de dos ratablancas y pueden dejarte sin dedo, sin ojo o con una herida no muy fácil de recuperar.
Navidad también es para muchos sinónimo de regalos. recuerdo que justo después de recibir los regalos, salíamos a lucirlos con nuestros demás amigos. Generalmente ropa en la pubertad y juguetes en etapas más preadolescentes. Sin embargo, a pesar de los presentes no tenía un sentido tan materialista como creo que es ahora, o tal vez es que entonces no lo percibía así. Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, pero no es eso lo que más se siente, se siente más lo que la propaganda ha difundido, un Papá Noel gordo y demasiado abrigado para la navidad de esta región del mundo, arbolitos falsos con colgandijos, panetón, chocolate en taza, pavo, lucecitas de colores, villancicos invernales y quizás lo único que aún mantiene la tradición es el pesebre y Los Toribianitos.
Año nuevo por otra parte es un suceso más universal, el menos creyente participa inconscientemente del cambio de fecha. Yo he optado por abandonar las fiestas com tales, o sea bailongo y borrachera y estoy tratando de abandonar la ciudad, acampar en alguna playa, hacer fogata, reflexionar, conversar con los amigos más a la mano y dar gracias por lo que el año que se va dejó y lo que traerá el que viene. No soy de proponerme retos, ni metas, pero se de hacer el recuento de lo sucedido. Un poco de música, risas y que siga el día que aún estamos vivos.
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