La vi sentada de cuclillas sosteniendo un letrero en las manos a unos pasos de la puerta del hotel a donde estábamos llegando, la vi desde la ventana del bus y dije: "Yo quiero". Su cartel ofrecía abrazos gratis y cuando fui a su encuentro me recibió con una sonrisa gigantesca que dibujaba con toda la cara. Aaaaah, me lancé a sus brazos y esta mujer italianota tan dulce me envolvió y se colgó ya completamente con brazos y piernas sobre mí. Y yo estaba feliz de aguantar todo su peso. A veces creo que los doy con tantas ganas como ella. Volviendo de aquel viaje a Iquitos donde la conocí, nos reunimos en Lima con los amigos que había hecho por allá y salimos a ofrecer nuestros mejores abrazos con letreros que hacían referencia a su gratuidad, aunque sabiendo que es mentira, pues al dar un abrazo también recibe uno así que si hay reciprocidad abrazo con abrazo se paga.
Hace unos días y debido a la pronta partida de otro amigo italiano que nos comentó que hacía esta actividad de dar abrazos con cierta frecuencia, decidimos montar una. Principalmente, para hacer esto con él que le gusta interactuar mucho en espacios de ciudad donde la gente no se mira, donde todos andan apurados y a pesar de estar en una multitud parece que no hubiera nadie. Él genera alguna reacción, a veces con la mirada, con un aplauso, con su vestimenta poco convencional y su actitud abierta hacia todos. Hicimos una pequeña convocatoria que tuvo cierta acogida y con carteles estábamos en los alrededores del Museo de Arte de Lima, dándonos abrazos con los que pasaran.
Qué rico es recibir el abrazo de un extraño, o lo que es lo mismo de tu prójimo, del que te cruzas y no conoces. Es más, nunca intercambiamos nombres, pero ahí estábamos estrechándonos con la gente que quería como si nos hubiéramos estado extrañando. Qué rico abrazan los más chiquitos, con tanto amor a alguien que nunca han visto y quizás no se vuelvan a encontrar. Qué linda sería una sociedad así donde la gente se pueda apoyar en el otro con la facilidad que teníamos en ese momento. Sí, al comienzo da un poquito de vergüenza, de timidez, pero después que fácil se hace y qué bien se siente en tantos niveles, pero sobre todo en el más puro.
Me quedo con las ganas de la próxima vez, me quedo con la sensación de los abrazos recibidos, con la timidez inicial, con las sonrisas de incomodidad inicial, con el agradecimiento mutuo posterior y ahí les dejo un abrazo de letras y que no pase mucho para que nos abracemos de verdad.
lunes, 7 de enero de 2013
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