El track del día

martes, 20 de agosto de 2013

Reempezando...

O quizás repensando. Ahora se me dio por escribir nuevamene y comienzo por el título. Lo que tengo en la cabeza es solamente la sensación de que quiero decir algo de lo que no soy capaz. Ah, pero si la net acepta todo... Dilo nomás. ¿Pero qué es exactamente lo que deseo comentar? Supongo que eso permanecerá en mi mente y con suerte aparecerá algún día en una nueva entrada.
Hoy reflexionaba un poco sobre eso a lo que le llaman vocación y lo complicadamente inexacta que puede ser. Digamos que la sociedad ya te tiene preparadas en paquete las opciones que tienes para dirigir tu futuro. De pronto me recuerdo niño, abrazado a mi perrito y con ganas de tener muchos más y tener la posibilidad de sanrlos si se lesionaban o enfermaban. Y quizás esa fue mi primera vocación, la de veterinario. Uno crece y comienza a pensar en otras cosas, la mayoría de ellas producto del descubrimiento de ese orden que otros han impuesto para que tú sigas. Me siento en un pupitre y me doy cuenta que me gustan las letras tanto como los números, pero detesto memorizar, excepto cuando es algún libreto para la clase de teatro. En el único examen de orientación vocacional que tomé, me sentí un poco estafado, eran tantas las opciones que me daban y tan variadas en su espectro que en aquel momento lo tomé como una broma. Ahora que he estado pensando un poco como sicólogo o como supongo que un sicólogo debe pensar, me doy cuenta que es absolutamente difícil que a través de una evaluación de conocimientos, habilidades y preferencias afectivas de una persona tan poco experimentada como un chico de 15-16 años, se le pueda conducir a un rumbo específico al que dedique su vida sin sentir un poco de culpa por estar tomando las decisiones de otro. Quizás sea por eso que me dieron tantas opciones, la persona que hizo la evaluación no soportó la carga de tener que decirme qué hacer y me puso un abanico inmenso de donde yo podía elegir a la vez muy limitadamente entre las profesiones de moda de mi generación sin conocer muy bine si quiera como se desarrollan estas ni cuál será la satisfacción o frustración que pueda sentir al ejercerlas.
Regreso a mi paso por el CEPU(la pre de mi universidad) y las listas de notas que publicaban en la calle con los rubros: Medicina, Estomatología y Ciencias. Quizás me hizo decidir postular a medicina mi deseo por ayudar a la gente, quizás el chantaje sentimental de mi padre cuando me llevó a ver un parto y me hizo sentir que de esa manera podía ver milagros con frecuencia, quizás un narcisismo insipiente que me hacía creer que mi inteligencia se desperdiciaría de estudiar algo menos exigente. Me puedo ver dudando a mitad de ciclo si cambiarme a esa otra facultad de la que nunca había escuchado antes(Estomatología) y dejarme influenciar por mis deseos de ingresar y acabar más rápido y volverme más práctico y desarrollar alguna habilidad en las manos que originalmetne no pensaba que tenía.
Me veo ingresando a esa nueva etapa de mi vida sin saber qué esperar, pero decidido a tomar el riesgo hasta el final. Recuerdo mis primeras clases y notar que me seguían gustando las matemáticas y que seguía siendo muy bueno aún en este nuevo nivel avanzado y a la vez fascinado por los talleres de redacción literaria y de arte que llevábamos en el año de estudios generales. Me acuerdo el sufrimiento del siguiente año cuando todos los cursos de "ciencias" me parecían más bien de "memoria" y tenía que recordar los nombres de las superficies de los huesos y donde se insertaban los músculos y los nombres horrendos de las bacterias y otros organismos que producían tal o cual enfermedad y buscar entre mis habilidades escondidas la de la memoria fotográfica para poder discernir el aspecto microscópico de un tejido y otro a diversas magnificaciones. Y haber dudado si escapar, pero no, seguía en la lucha y pasó otro año invicto.
Y así pareció hacerse todo más llevadero. El primer contacto con los pacientes ya me hizo ver de manera distinta la profesión de estomatólogo/odontólogo/dentista. Los primeros procedimientos aprendidos hacían que me entusiasme y cada día me sienta más encaminado hacia "algo".
Ese año de internado en los últimos días, cuando ya no podían hacer nada, debieron haberme desaprobado cuando tenían tiempo, ahora ya era muy tarde. Me gradué y casi de inmediato me titulé e ingresé a hacer mis primeras prácticas a la par que postulaba a una beca para quizás irme a Japón. Experimentar la vida profesional me hizo notar lo inquieto que estaba por descubrir más, por no quedarme sentado en una silla solamente. Pero seguía el camino. Y así así, llegué a Japón, llegué a un Diplomado en Ortodoncia, llegué al trabajo y siguen llegando cosas nuevas y siguen acabándose otras, el camino sigue, no se acaba todavía. Sigo aprendiendo, sigo entendiendo, sigo conectando los puntitos una vez que ya aparecen marcados, no sé cuál es mi destino, pero aquí sigo. Y que venga lo que venga.