El track del día

lunes, 8 de diciembre de 2008

Y sí pasó...

Pasó un montón de tiempo y recién escribo, y escribo después de mucho, porque ha pasado mucho entre lo último y lo actual.
Descubrí "el payaso" y me di cuenta que soy más cerrado de lo que pensaba, que no me puedo abrir a los demás con libertad y confianza y sigo poniendo reparos a quienes con bella intención tratan de acercarse a descubrir mi Yo más íntimo.
Es difícil superar el miedo al vacío a dejarse caer en el "vértigo" de la incertidumbre, en probar sin miedo a equivocarse, a fallar, a cagarla, para decirlo de manera más directa.
De aquella bella experiencia de llevar el taller de clown con Wendy Ramos en su Bolaroja, saqué, a pesar de lo poco que llegué a transmitir hacia los demás, un autoexamen exhaustivo de mis mayores complejos, defectos y frenos hacia una verdadera e inconfundible felicidad. Sin embargo, tuve la oportunidad de compartir la de otros y asumirla en el alma con alegría y algunas veces con un alejado entusiasmo que a veces siento que se me va, que se me escapa.
Mis clases comenzaron jugando, reaprediendo a jugar más exactamente, pues la falta de práctica se hacía notar. Wendy es un alma especial, llena de energía y capaz de transmitirla de manera muy intensa y a la vez de hundirte en la desolación con una mirada o una frase demasiado franca.
A veces me rehuso a ser demasiado honesto, la verdad puede en muchos casos resultar muy dolorosa y es en momentos como esos en que se necesita apoyo y yo lo obtuve de un bello grupo de gente que me acompañó a lo largo de dos meses y del que aprendí muchísimo y al que, sin embargo creo, que privé de conocerme más a fondo. A veces trato de comunicarles algo de lo que nunca compartí a través de algunas canciones que les mando, pero dudo mucho que sea suficiente cuando no se tienen ese trato directo y esa confianza que es tan difícil para mí de ofrecer. Creo en la gente, pero -ya casi por costumbre- me es muy pesado confiar, pedir respaldo, sustento, apoyo. Acaso por egoísmo, por timidez, por miedo o arrogancia, lo cierto es que me privo de esa sensación tan bella que se tiene al tomar confianza en gente nueva. Como que a cierta edad, uno ya hizo ciertos contactos en los que deposita su amistad estratégicamente distribuida y con los escudos necesarios para no dejarse herir. Pero para quien alguna vez lo ha experimentado, y doy a gracias a Dios de haberlo podido hacer alguna vez, el darse por completo, el liberar esos escudos si bien te deja desprotegido, te da otro tipo de satisfacción que libera, que sublima y que completa.
Hoy me siento nuevamente en mi cueva, mi oscuridad me invade y sale a flote con la sola intención de abatirme. Yo me dejo. Y la luz que queda encendida ahí al fondo, espera que le deje aparecer, que no la castigue. Espero que no me tome mucho tiempo.